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Cartas y flores como recuerdos de palabras dichas en algún momento con un fondo de Julieta Venegas como música circundante. Será que llevo más de cinco años esperando algo que no debería esperar, y tan sólo porque el corazón dice que sí. La sin razón mezclada con la razón y con ella mil razones para ser y esperar. Historia e historias. La fascinación constante por los ojos, en ese intento de descubrir de qué se trata, todos ellos alrededor de un ojo de reptil. Sí, soy culpable. ¿Y la vida? Pasa, me pasa; como un cuello largo de jirafa. Últimamente me he acostumbrado a mi cara. Me miro al espejo en un intento por controlar lo incontrolable y aún así, me sigo preguntando si es posible. Pensamientos amorosos pasan, con un “chinga a tu madre” escondido al lado del Frankenstein, que se encuentra debajo de "Las descentradas". Poca tolerancia a la frustración. Tengo unas ganas tremendas de decir lo que no me atrevo a decir. Tantas, tantas ganas… Tiento caras, nombres, olores. Busco ya no pelearme y sólo ser, lo intento, a veces lo logro. Luego se me olvida. Descubro y me maravillo. Hoy, por ejemplo, fue un buen día. Ojalá el tiempo pudiera alargarse a antojo. Sé que en algún lugar nos hemos visto y te recuerdo; te recuerdo cada noche en vela con el corazón cantándome colores provenientes de tiempos lejanos, tiempos en los que las coletas en el pelo, las cinturitas acomodadas y una que otra risa falsa parecían ser lo que tenía importancia; ahora, si pienso en ello, me vuelvo una especie de avestruz que mete el cuello entre cajones, cajitas de música, flautas o edredones, sonrojándome por aquello que fui y ya no soy. Te recuerdo, busco los encuentros, las caras, las lunas o los días en los que te he visto, me escondo entre las flautas, los faroles, los charcos, mi cara busca la tuya en el espejo, que de tanto esperar se ha empañado y he de confesar que te me has vuelto insoportable. He salido a buscarte, ando caminando a todas horas con el corazón en la mano, en las piernas, las rodillas, los cayos, y está solamente esta urgencia, esta vana urgencia que me arrastra a querer encontrarte. Me tienes vacía, hecha un fiasco, no vivo, no respiro, no como, no alimento. A pesar de toda la mierda interna, hay mucho chocolate caliente en la sangre que entrego a borbotones con aceite y ajo para comer, pues contigo se ha perdido…me he quedado en limbo, me has vuelto incandescente, se me rompen las piernas, los nudillos, la cabeza, me desvelo, y no me paro si no es para buscarte. ¿Pero dónde te busco, dónde encontrarte? Se me ha perdido tu casa, tu casa en esa tierra de enormes rosales, en esa tierra que he llegado a decir mía y que es sólo tuya. Sólo tuya porque yo no he podido trascender el discurso de la fibra sensible que hace a nuestra tierra. Me encuentro con las manos atadas. Y de repente te he visto, te he visto como nunca antes te había visto, con lucecitas de colores alrededor de la cabeza, te he visto en lo micro y en lo macro, te he visto renacido, envitrado, descolorido, he visto más allá de ti, te he visto en lo siniestro y en lo sano, esparcido, retroalimentado y he querido decirte desde entonces que me has hecho volteretas, que ya no sé qué me pasó, me has embrujado con toloache. ¿Quién eres, qué eres?, porque yo no había visto nunca antes nada igual. Me maravillas. Y sólo estoy aquí para decírtelo. Sólo estoy aquí para decirte que eres una maravilla. Y que no sé qué es lo que a mí me toque. Tal vez consideres esto demasiado absurdo pero no puedo evitarlo, ya pasa de mí. Pasa de mí, y te lo devuelvo, porque es muy grande y porque es tuyo. Y en todo esto, también voy yo de paso: soy tuya, aún cuando no nos encontremos, aún cuando el tiempo diga que tu y yo, no nos hemos visto, aún cuando la gente piense que tu y yo no nos conocemos, yo sé que te he visto y sé que de algún lado te conozco porque te recuerdo y algo acá adentro, entre el hipotálamo y las costillas, me dice que eres mío. Así que he venido a contarte que dentro de todo esto, en lo que parece no haber nada, me he encontrado en ti y he armado de todo eso una serie de palabras que en conjunto no dicen más que: estoy avasallada de ti, y espero, tan sólo el momento para ir a buscarte y al encontrarte no decir nada, más que con la mirada, me tienes de ti. Sólo quería contarte. Las palabras ya han sido demasiado. Necesito un poco de contacto humano, tacto, sudor, manos, abrazos, olores, charcos de placenta conjugados con toscos amuletos encargados por la vid de tu presencia-ausencia humana. Y no lo entiendo. Ya ha pasado tanto y de tanto y yo, continúo en un continuo devenir ultrajante. Las palabras se van repitiendo. Los tiempos son otros, instantes perdidos. Tango. El timbre, la llamada, las llaves, pensarás que no pero igual y sí. Tengo un cierto deseo de encontrarte. No tengo llaves perdidas. Mas bien las tengo a la mano; pero deberías ver cómo se me esconden cuando tu respiración está más cerca de mi cara. Mi cara es como el viento, viene, se agacha, revolotea. Tu cara es una piedra y tú vas, regresas a tierra como cenzontle, animalejo de dos patas. Aún así respeto la osadía de tus miradas, son como avispas, mitad cangrejo, mitad valero-ya- no-sé-qué. Las tardes mansas, dolor en la panza, recuerdo viviendo junto con otro naciente en las entrañas. Se podría decir que lo hemos destruido pero la verdad es que nunca hemos creado nada. Nada más que un recuerdo absurdo lleno de faltas y de fallas y de nada. De nada, perdón, salud y gracias. Como el vino, la falta de tiempo, la esperanza, y de repente, un calor incontrolable lleno de nostalgia. Tiempo, tiempo y no da nada. Vistazos sólo da, como palabras. Y éstas resquebrajan la aspereza ya madura, la salud sin calma, los brazos rotos, las pastillas-lágrimas pasadas. Ven, ayuda corazón, los hechos no trabajan. Alquila en tu lugar un buen plato de habas sin semilla con alcohol para darle espacio y sinsabor a la garganta que de tanta huída al sur va quedándose tapada. Y las voces y los gritos, las vueltas de tuerca, todo va quedando en un atrás ligero mientras mi persona avanza y ve luces negras que no alcanza. Me gustaría correr, muy lejos, tan sólo para decirte que ya no me importa, que me pica el pecho, que tal vez haya sido una araña, o tal vez tu viuda querrá venganza. Sin embargo estoy acá, escribiendo tres o cuatro líneas con tu figura impregnando mi sinsaber y la locura no me sirve ahora para encontrarte. La luna ya no aparece a las noches, así como los murciélagos y mariposas blancas se fueron esparciendo en cada una de las fotos tomadas que deben andar en artefactos de poca calidad a la deriva de que alguien les dé nuevamente una fructuosa bienvenida. La cavidad se angosta. Quiero eso, ese principio, ese final antes del final que, seamos sinceros, no ha sido aún definitivo. Me pregunto por qué has vuelto a buscarme. No tengo cabeza, ni razones, ni pensamientos coherentes que me den una explicación azarosa para ese ventrílocuo retrato que en sociedad, más no en o a puerta cerradas, presentas. Ahí va la luna siguiendo a la noche. Ahí va la pérdida y el llanto sin molestias acuíferas combinantes. Revoloteo, caigo, me levanto. Adorno, pienso, siento, vivo, canto, lloro, amo, no amo, me engaño, suelto, arrojo, recojo, abro, veo y no descubro, abro, suelto, engaño, a medias logro un sinfín de escucha y buenaventura que no pudo decidirse a esconder los platos rotos ni la escoba con forma de cucaracha que entre la congoja y el fuero interno de la sinceridad con que trabajo, he llegado a percibir que el alivio de no tener ni ciudad, casa o plaza, o helado de vainilla con jacarandas en lugar de aviones subversivos, no alimentan más que con patadas los aposentos claros, claridades, conjeturas, arbitrariedades, soledades conjuntas y hasta uno que otro pajarillo pardo que si se me antoja, atraigo y quedo como papel en salsa blanca objetualizando lo que no puede ser objetualizado. Divago y entre tanta aburrición inventada en estratos de poca conciencia temprana, mañana, voy a continuar extrayendo pedacitos de cola-loca insertados dentro de faldas que si no me ves, montañas, alharaca y compasión. Dime si no he excedido el trato hecho entre la asquerosa compañía que te acompaña y tu calmada fuerza egoísta peladumbre siniestra honestidad que no muestras conmigo, aunque digas que lo hagas y que no ha traído más que frustraciones momentáneas, antes, largas, a mi ser. Entre mocos y cubiertas de charol, atardeciendo va la mañana que no acaba pues el pusilánime trato que ha sido callado pero amanecido lento a mi espalda no ha sido cumplido; ni cerca ni lejos me encuentro de esa playa que en agosto me decías sería parte de mi existir. Ya no quiero caer más en los mismos trastes sucios. Ya caminé sobre piedras, muchos pisos, mucho alambre, muchos picos contigo, si no en los pies, quizá tal vez en el sexo o en la cabeza. No más trasnoches escuchando la bocina del coche que no llega. Las plantaciones a veces suelen marcharse para estar contentas. Hay, existen lugares en donde las plantas, o se marchitan o se secan. Y tu pecho ya contiene demasiada enredadera. Ahora súmale tres gatas que no son más que una, que te hacen la barba. Pa qué me quieres ahí entre tanta maleza, maleza mala. Yo no pongo un alto porque sé que debajo morimos, tal vez tú sólo un poco, por lo ofrecido, no cantado que se dio una tarde de verano y que nos trajo la sorpresa de juntar músculo y manos y un aliento seco y seco, pero sin dudarlo, egipciano, que provocó rupturas y revueltas pero que al final, todo ha sido en vano. Te desconozco. Ya no sé quién eres. Tantas caras ya no te he visto que cuando te veo no te encuentro. ¿Qué fue lo que pasó?, te preguntó. Y tú, ya no me contestas nada. Intento animarte a que las superficies cambien mas no sé ni que pedirte pues las profundidades fueron vanas. Me gustaría enterrarte bien lejos. Es curioso. Cuando no mato, me siento solo. Los vivos no bastan para poblar el universo y alejar el tedio. Cuando estáis todos aquí, me hacéis sentir un vacío sin medida donde no puedo mirar. Sólo estoy bien entre mis muertos. Ellos son verdaderos. Son como yo. Me esperan y me apremian. Tengo largos diálogos con este y aquel que me gritó pidiendo gracia y a quien hice cortar la lengua. Este barniz no vale nada. Pero volviendo a la luna, fue una hermosa noche de agosto. Hizo algunos remilgos. Yo ya me había acostado. Al principio, ella estaba ensangrentada, sobre el horizonte. Luego empezó a subir, cada vez más ligera, con rapidez creciente. Cuanto más subía, más clara iba haciéndose. Llegó a ser un lago de agua lechosa en medio de aquella noche llena de estrellas apretadas. Llegó entonces con el calor, dulce, ligera y desnuda. Cruzó el umbral del aposento y con segura lentitud llegó hasta mi cama, Decididamente, este barniz no vale nada. Pero puedo decir sin jactancia que la he poseído. Quiero darte una vida llena de mentiras, sueños, caprichos, complicaciones, sonrisas, tristezas, voces adormiladas, emocionadas a veces. Chistes mal contados, risas con llanto o sin causa o sentido. Sonrojos, desacuerdos, acuerdos, complicismo, malos entendidos, reconciliaciones, impulsos, letras, pies, manos, charcos, pieles, cobertores, palabras inventadas, quereres, haceres, y madrugadas (porque las tardes, noches y mañanas ya tienen su lugar) Contarle a la gente como fue que llegue a tener un castillo entre las nubes a las fueras de Senegal y de donde salio el cuento ese de que allí vivieron el lobo y caperucita sin la abuela y con el leñador escondido debajo de la cama. Ah, no…eso no. Y sin el leñador (rectifico), pues no fue necesario que alguien salvara a caperucita ya que el lobo no tenia mas garras ni colmillas. Colmillos, perdón (es que se me viene la caperuza a la cabeza y estas letras se me escapan). Y quiero decirte que te amo. ¿Lo dejamos por ahora ahí? De repente, entro a ver la pagina de mis descontentos y me sorprende ver la mencion de esa edad descontrolada. Sobreviene un darse cuenta. Y los bostezos, los maullidos, las esperas, los cambios de rumbo, todos se avalanzan contre el tope de mis resonadores. Y ese golpe aturde la conciencia. Sé exactamente lo que quiero. Quiero que me chupes los dedos de los pies, que me vayas comiendo de a poquito hasta que me dejes seca. O si no seca, deshidratada. |
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